Adiós.


            No importa cuánto vive uno… sino cómo.

            Eso lo aprendí de vosotros. Me enseñasteis que la vida no tiene sentido si no nos ayudamos unos a otros.

            Separarse no es algo triste, ¿verdad?

            Aunque estés lejos de alguien, puedes sentir su presencia en tu corazón. Esa es otra cosa que aprendí de vosotros…

            Yo no sabía para qué había nacido…

            Ni qué quería hacer con mi vida. Vosotros me ayudasteis a averiguarlo.

            Vivir haciendo sólo lo que a uno le gusta es más difícil de lo que parece…

            Os admiro porque siempre habéis sido fieles a vuestros propios sentimientos.

            Lo único que no me enseñasteis es qué hacer cuando me siento solo…

            Supongo que eso lo tiene que averiguar cada uno por su cuenta…

            Me alegro tanto de haberos conocido…

            Me hubiera gustado vivir más aventuras con vosotros…

            Pero… tarde o temprano habría llegado el momento de separarnos.

            Gracias… a todos… ADIÓS……..

            Mis recuerdos… me acompañaran en el camino…

Hasta que la muerte nos separe...


            El caballero entra a una habitación bastante lúgubre: jaulas con esqueletos humanos dentro, frascos con sustancias de todo tipo y un caldero con un líquido bastante raro, y en él se ve torsos, cabezas y ojos.

            Un brujo se acerca al caballero apareciendo de las sombras, mira al hombre diciéndole. –Pareces terriblemente deprimido… Qué suerte tienes, no me podría importar menos la gente feliz… Son los humanos desesperados los que me interesan.- Se da la vuelta y comienza a reírse del caballero.

            Agarra un libro mientras continua hablando. –Siento que llevas una agotadora carga… Si no me equivoco, eres un hombre casado, ¿verdad?-

            -Sí…-

            -Déjame preguntarte una cosa: ¿Eres feliz estando casado? Olvida las responsabilidades, el romance y toda esa basura por ahora. Quiero decir, ¿puede realmente una sola persona traerte la felicidad? Lo sé todo acerca de cómo se supone que son de especiales las bodas y la magia del amor, pero… Al final del día, tú y tu pareja discutís, y tú te sientes totalmente miserable… Y todo por culpa de ELLA.-

            Cierra los ojos el caballero derramando una lágrima.

            -Sí, es tu destino encontrarme aquí. Todos cometemos errores… Incluso si prometiste amor para siempre, incluso si tomaste los votos…- Se acerca el brujo y con mirada traviesa continua. –Puedo liberarte de la prisión del matrimonio.-

            Recuerdos de ella le viene a la cabeza; su sonrisa, mirada, su voz…

            -Es simple si miras al matrimonio como a un contrato… Un contrato que termina con “hasta que la muerte nos separe.” Aquí en Nifleheim, es fácil usar esa pequeña laguna jurídica…-

            Se le acerca el brujo y le susurra. –Para nada estás rompiendo ninguna promesa, y a tu esposa no le importará si no se entera… ¿No quieres ser liberado de ella?-

            Retrocede un poco el caballero con su lágrima en el rostro.

            -Puedes tener un nuevo amor con una mejor persona… ¿No sería genial…? Puedo ayudarte si quieres… ¡Puedo hacer que todo esto ocurra!-

            -Sí, por favor, hazlo.- Contesta el caballero.

            -Bien, bien… Ahora todo lo que has de hacer es darme lo que quiero a cambio… Un pedacito de nada de tu alma. Después de eso, está la vida sin preocupaciones del soltero. Todo lo que has de hacer es decir la palabra…-

            -Hazlo…-

            -Excelente elección… ¡Empecemos ahora mismo! Esto puede llevar algún tiempo, pero es mejor que estar casado sin esperanza por el resto de tu vida.-

            La mano del brujo atraviesa su gruesa armadura. Nota como agarra su corazón con sus manos heladas y lo estrangula. Toda su vida pasa por delante de él…

            Saca la mano el brujo arrastrando un haz de luz y niebla azul claro. Cae al suelo el caballero y mientras el brujo ríe, tan solo recuerda lo último que vio de ella… su sonrisa. El suelo se llena de sangre y con su último suspiro de vida, dice su nombre mientras fallece.

            -¡Buajajajajaja! ¡Ahora eres libre! ¿No te sientes mucho mejor ahora que no tienes pareja? Ah, la soltería…-

            Si tan solo me dijeras que me quieres como antes, te juro mi vida que cambiaría sin quejarme. Sería fácil prometerte el cielo, las estrellas, pero no sería fácil si no estuviera en ellas. El corazón me dice que algo tiene que pasar, que lo nuestro no es cierto y que me duele tu verdad. Soledad como principio, sentir un nuevo inicio, resbalar entre precipicios.

            Si quieras o no quieras, cayeron las fronteras. Mi vida es efímera si tú no estás en ella. Abrazo la botella pero ella no comprende, letras ante heridas ahora duelen como siempre. Dime que se siente si yo ya no confío, el amor es una farsa, a la mierda lo que escribo. Describo tus miradas, no sea que me equivoque y a simple vista todo sea más de lo que note.

            Y acorte, más de lo que toque, obtuve nuevo enfoque. Te escribo 10 mensajes pero tú ya ni respondes a todo aquello que persigo. Me topé contigo, reina yo siendo un mendigo, princesa de este cuento, cuenta los minutos. Abrazo los recuerdos y entre sábanas me inundo.

            Y para malos tragos, me lazan entre mis lágrimas, intento sonreír y chica, esto me anima. Aparto cada parte que me abre el corazón, soy un simple soldado de juguete en tu cajón. Y son más de las 3 y aquí me ves con la nostalgia, prefiero amanecer y aceptar que algo me falta. ¿Y cuánto tiempo ahora me queda por mirar? Me cambiaron la A de amor por la A de amistad.

            Valgo menos de lo que me encuentre por delante, hoy ya no tengo ganas de seguir luchando. Y lo siento, pero nada me motiva, miro las estrellas y te sigo viendo arriba. Y es que una vida así no puede ser vivida, o al menos por mi parte no será bien recibida.

            Ya no sé ni lo que siento. Ya no sé si es dolor, miedo o arrepentimiento. Lo que tengo seguro es casi no me gusta, no me va a encontrar si su mirada no me busca. Y voy caminando por un túnel, a punto de venirse abajo, ya nada nos une. Si me preguntas te responderé sincero, hoy mi puntuación es 25 bajo 0.

            Dime lo que quieres, ¿por qué me detienes? algo que no tienes no te duele si lo pierdes. Sería fácil y me encuentro a un solo paso, noto que me empuja la fuerza de mi fracaso. Pero me tiembla el cuerpo y no puedo moverme, se tiñen de rojo, mis ojos de color marrón. Solo queda recular y avergonzarse, no tomé una decisión cobarde por cobarde.

Pido perdón...


            Pido perdón por todas esas promesas incumplidas.
            Pido perdón por las palabras fuera de lugar.
            Pido perdón por todos los fallos que haya podido cometer.
            Pido perdón por mi ausencia.
            Pido perdón por mi presencia.
            Pido perdón por mis miedos.
            Por mis fracasos, por mis triunfos, por mi fe, por mi desconfianza, por mi talento, por mi ignorancia, por mi inteligencia, por mi estupidez, por mi picardía, por…
           
            Pido perdón por muchas cosas a todos…

            Pero jamás pediré perdón por ser como soy…

21/12/2012


            Para muchos la fecha más odiada y para otros un día más.

            Me considero un poco bastante ateo y respeto a los demás con sus religiones. Pues voy a dejarme mi “ateísmo” de lado. Tras muchos documentales, sobre el “fin del mundo” y los que nos queda cuando falten tres o dos meses.

            Se llega a creer que todo lo que dicen es verdad. ¿Me lo creo yo? Sí y con un PERO muy largo. Supuestamente ese día caerá un meteorito muy grande o se acaba el mundo con la venida de Dios. Así que no me andaré con rodeos…. Meteorito o lo que sea que ponga fin a esto. Ya estás tardando en venir y mandar todo esto a tomar por culo.

            Se acaba todo; ya no hay problemas ni nada, sin agobios, ni mierdas por el estilo. Así todo esto es mejor, calma.

            Pues eso, a ver que pasa en ese día tan señalizado, espero que el “cambio” sea para bien o seré yo quien se lance contra el meteorito ese.

            Ya nos veremos en la siguiente actualización. Ser buenos y dejaros el porno.

Cansado...


            ¿Sois pacientes? Pero no de cuando estás en el hospital o cosas parecidas, no no no. Pacientes de aguantar cosas. Yo soy muy paciente, pero llevo ya unos días por no decir semana y esta entera que me queda, hasta la punta de la PIIIIIIIIIIIIIIIIIII polla.

            Exacto, estoy cansado ya de tantas gilipolleces y tonterías.  Es más hoy me han entrado de partir en dos el teléfono, hacerme una maleta y salir de la casa para no volver.

            Seguro que pensaréis que me iría a un lugar donde esté la familia, amigos, pareja, etc etc. Ni muerto hago eso, si me voy cansado ya de todo. Me voy a donde no haya nadie que me conozca.

            Me jode mucho sonreír cuando estoy mal, sé que es de valientes hacer eso. De valientes y de estúpidos. ¿Por qué quieres sonreír cuando todo va mal y no pedir ayuda para aligerar la carga que soportamos en la espalda? ¿Tan orgullosos estamos de nosotros mismos que preferimos jodernos para negar ayuda o pedirla? A veces, hay que tragarse el orgullo…

            Tengo amigos que les pasa algo “malo” y me lo cuentan pero resumiendo. Y no dan detalles cuando le pregunto para ayudarlos o animarlos. No esperen que vaya detrás luego cuando me la pidáis. Sonará muy cabrón y egoísta de mi parte, pero si no aceptas mi ayuda desde el principio. Se te nota que estás mal, no me vengas luego llorando. Me he cansado ya, lo siento.

            Porque no solo lo pasan mal ellos, yo también porque son gente que aprecio y me preocupo por ellos. Último que quiero saber de ellos es que están mal y por eso los ayudo. Pero si no quieren… poco por no decir nada voy hacer.

            Así que un consejo gente. Dejar de tanto YO YO YO YO YO y más NOSOTROS. Así la carga que soportamos es menos pesada y se hace la vida más amena.

            Cuidarse todos y ser felices.

Los veinte segundos, más felices de mi vida…


            Ya era casi primavera y el sol brillaba en el impoluto cielo, donde no se vislumbraba ni una sola nube. Y como siempre en todas partes del mundo, en esa maravillosa tarde, grandes grupos de chicas y chicos iniciaban un día más en sus clases.

            -Hace ya cinco años desde que vine a esta ciudad, cinco años que la conocí y me hice muy amigo de ella.-

            Uno de los chicos de una de las clases, estaba absorto y pensativo, mirando hacia una de sus compañeras con una sonrisa bobalicona mientras esta conversaba en la otra punta de la clase con unas amigas.

-Que guapa es y no solo eso; su personalidad es genial, tan cariñosa con sus amigos, amigas y también tan agradable y simpática con todo el mundo, ese cabello negro y esa carita blanca, que bonita es…-

            De repente una voz de chico interrumpió los pensamientos del primero.

            -¡Otra vez! Siempre estás igual tío, mirándola como un inútil.-

            Era su compañero de mesa y un amigo que llevaba con él desde que llegó a la ciudad.

            -Pero… ¿De qué me hablas? Yo… No miraba a nadie, simplemente estaba empanado pensando en mis cosas.-

            Su amigo entonces torció el rostro y mirando al suelo le pregunto. -¿Tus cosas? ¿Qué cosas?-

            El joven con un gesto malhumorado y queriendo dejar el tema respondió tajante. –Pues tío, mis cosas y punto… No necesitas saberlas.-

            El otro chico viendo la reacción de su amigo, le respondió en voz baja. –Vamos… Tú y yo sabemos de que “cosas” hablas, no necesito que me lo digas para saberlo.-

            Una vez terminó la frase, señaló con uno de sus dedos a la chica que miraba antes el chico, y que aún estaba conversando y riendo con sus amigas.

            -Si tanto te gusta, ¿por qué no le comentas algo?-

            Añadió el amigo mientras dejaba de apuntar a la joven. –Que… que… que va.- Respondió el joven visiblemente nervioso, para añadir otra cosa de forma más relajada. –Es imposible que salga conmigo, además seguro que ya tiene pareja. Paso de complicarme la amistad que ya tengo con ella, por solo insinuarle que me gusta… Y… ni siquiera sé si realmente me gusta o no, así que es una tontería.-

            El amigo resopló y tocándose el pecho sentenció. –Puedes decir lo que quieras, puedes intentar engañarme, o engañarte a ti mismo. Pero lo que está aquí dentro… tú y yo sabemos que te dicta otra cosa.-

            El profesor llegó e interrumpió la conversación entre los dos amigos, comenzó a explicar sus tediosas teorías sobre la materia que ofrecía. Pero el chico no estaba para nada atengo ese día, las últimas frases dichas por su amigo lo habían dejado todavía más pensativo que al principio de la clase.

            Pasaron los días y al fin alcanzó la primavera y desterró el invierno. La época de las flores había llegado, y así fue como el joven, un día saliendo de clase se encontró a la chica sentada en uno de los bancos del exterior del recinto.-

            -¡Hola! ¿Qué haces aquí aún?-

            La joven se alegró mucho de ver a su amigo y le contestó. –Pues nada rey, estaba esperando a que venga a recogerme mi novio, pero parece que hoy llega tarde por algún motivo.-

            ¡Aaah! Pues si quieres me quedo aquí haciéndote compañía hasta que él llegue.-

            -¡Claro! Sería genial para mi que me acompañaras, así puedo contarte muchas cosas que llevo tiempo queriéndote decir.- Dice la joven.

            El muchacho se sentó entonces en el banco al lado de la chica, y empezaron a hablar de muchos temas cada cual totalmente distintos al anterior.

            -¡Jajajaja! Y entonces le dije cuidado con la manguera que está enchufada, pero como no me escuchó se empapó entera, pobrecita.-

            La chica terminó una de las múltiples anécdotas que le estaba contando al chico.

            -Sí, ¡jajajaja! Pobre tu amiga, tuvo que coger un resfriado increíble. Uff como pasa el tiempo contigo, ha pasado volando.-

            La joven llevaba esperando ya más de dos horas en ese banco y su novio aún no había regresado.

            -¿Cómo es que no llega tu pareja? ¿Le habrá pasado algo?- Le comentó el chico preocupado.

            -Seguro que ha tenido más trabajo del normal, pero ya estará a punto de llegar, además así hemos podido reír y hablar todo este rato.-

            La chica se quedó en silencio cambiando su mirada a una nostálgica, para acto seguido al ver que el chico la miraba, fingir una sonrisa.

            -Vale, me quedaré contigo hasta que llegue entonces, pero espera un segundo ahora vuelvo.-

            El muchacho se levantó del banco y se dirigió a un vendedor de flores ambulante que andaba por el parque ofreciendo sus flores desde hacía un rato.

            -Por favor, querría una rosa. Gracias.-

            El chico pagó la rosa y volvió con la chica que aún estaba allí sentada. –Toma, para ti.-

            La joven no se podía creer lo que veían sus ojos, era solo una flor. Pero el detalle de su amigo era uno de los más bonitos que había recibido en mucho tiempo.

            -Gracias, no tenías porque hacerlo. ¡Me encanta!-

            -Te la mereces y no sufras, seguro que tu novio está bien. Antes vi que pusiste una mirada triste, así que pensé que realmente si estabas preocupada y busqué una forma de animarte un poco.-

            La chica entonces sonrió de nuevo y dándole un abrazo al chico le dijo agradecida. –Eres un gran amigo, gracias por todo lo que has hecho por mi hoy y durante estos cinco años que te conozco… Pero no estaba preocupada por mi pareja porque le pasara algo, sino por otra cosa…-

            Antes de que pudiera concluir la frase, una voz masculina la interrumpió. –Ya he llegado cariño, estaba acabando de atender a una clienta en la tienda, y se ha entretenido mucho, lo siento.-

            Era la pareja de la chica que por fin había llegado, se mostraba visiblemente acalorado y un poco despeinado.

            -¿Cómo es que vienes así? ¿Qué te ha pasado?- Le preguntó la chica.

            -Es que como vi que llegaba tarde me puse a correr lo más rápido posible, porque sabía que hacia mucho que me esperabas aquí sola. Pero ya veo que te han hecho compañía… ¿Quién es ese?-

            Le preguntó su pareja con mala cara y de forma despectiva, a lo cual ella le respondió. –Es un amigo mío que me ha estado haciendo compañía hasta que tú llegaste… - Mirando a su amigo dice. -¡Muchas gracias! Ya hablaremos otro día, ¿eh?-

            El chico que aún estaba sentado en el banco le respondió calurosamente. -¡Claro! Cuídate, ya nos veremos mañana en clase.-

            El novio irritado dice. –Sí, sí, venga adiós, vamos nena…-

            La chica y su pareja empezaron a andar sin apenas hablarse, el uno al lado del otro. Mientras el joven la veía como se alejaba desde el banco de delante de la escuela. Una vez ya dejó de verlos se levantó como un resorte del asiento y gritó. -¡Síííííí! Ha sido una tarde genial y la flor le gustó mucho. Me alegra tanto que me considere tan buen amigo, no me lo puedo creer.-

            Una vez dicho eso, comenzó a andar en dirección a su casa muy alegre. Pero de repente en una calle próxima escuchó como dos personas discutían acaloradamente.

            -Esas voces… ¡Me suenan!-

            El joven salió corriendo en dirección a donde se producía la discusión, y una vez giró la esquina vio un poco mas allá de su posición a su amiga y a su pareja. Que ahora sujetaba la rosa con fuerza que el chico le había regalado, discutiendo.

            -¡Un amigo dices! Pues bien que te vi abrazada a él, muy amiguito tuyo debe ser ese subnormal.-

            Le gritaba el novio a la chica, que no esperó dos segundos en responder. –Claro que sí, al menos me acompañó todo el rato que te estuve esperando. Y al pensar que estaba preocupada por si te había pasado algo a ti, intentó darme ánimos… ¡Y tú lo insultas!-

            El joven agitó la rosa con fuerza mientras le contestaba. –Estaba trabajando, ¿no puedes comprender eso?-

            La chica cansada ya de fingir le replicó. -¿A sí? ¿Trabajando? Y eso de tu cuello… ¿También es de trabajar o de correr? ¡Dime!-

            La joven había descubierto una mancha de carmín de labios en el cuello de su pareja.

            -Esto no es nada… me… mmm… Habré manchado con algo mientras… mmm… hacia el mantenimiento de la tienda. Ya estoy harto de tus acusaciones.-

            El novio más nervioso al ver que su pareja lo habían descubierto, arrojó al suelo y pisoteó la flor que el chico le había regalado antes.

            -¿Pero qué haces?- Pregunta la chica enfadada.

            Se agacho ella para recoger lo poco que quedaba de la flor pisoteada, mientras por sus ojos empezaban a asomar las primeras lágrimas. -¡No quiero verte nunca más! ¿Te enteras? ¡Nunca más!-

            La chica salió corriendo cegada por sus lágrimas mientras su pareja le dedicaba otro desprecio. –Ya volverás. ¡Que yo como tú puedo tener las que quieras!-

            El joven que había presenciado toda la escena, también vio como la chica se disponía a cruzar la calle sin mirar. Y un coche se acercaba a ella a gran velocidad.

            -¡El coche! ¡Cuidado!-

            Gritó y gritó, el chico mientras salía corriendo en dirección a la joven, que no se había dado cuenta de nada. Y cuando esta levantó la cabeza, vio como el coche se le echaba encima, pero segundos antes de que la atropellara, notó como un leve empujón la sacaba del alcance del vehículo. Lo siguiente que escuchó fue un fuerte estruendo mientras caía al suelo.

            -¿Qué? ¿Quién? ¿Qué me ha apartado?-

            El joven, que había llegado justo a tiempo para salvar a la chica, yacía unos metros mas allá tras recibir el impacto del coche. Había ido a caer justo debajo de un reloj que marcaba las siete de la tarde, cuarenta y siete minutos y veinte segundos.

            -No, no, no…-

            Cuando la chica se dio cuenta de lo que había sucedido, rápidamente se levantó y fue a socorrer a su amigo que aún estaba consciente.

            -Estás… Bien… Me alegra… Tanto.- Respondió el joven con un hilo de voz, mientras en el suelo se hacía cada vez más grande una mancha de sangre a su espalda.

            -No hables, te pondrás bien. Ya verás, ahora vendrá la ambulancia y te curarán… Sí, te curarán… Te curarán…-

            La chica estaba arrodillada delante del moribundo joven, que con las pocas fuerzas que le quedaban cogió una de sus manos. –No pasa nada… Tú estás bien, eso es… lo que importa…-

            Tras escuchar eso la chica no pudo evitar empezar a llorar de nuevo. Pero el joven alzó su otra mano y con uno de sus dedos, secó una de las lágrimas que ya recorría una de las mejillas de la joven.

            -No llores… por mí… Pues yo estoy feliz, porque… al final he podido hacer… lo que me ha dictado el corazón…-

            Una vez dichas estas últimas palabras, el chico esbozó una sonrisa de enorme felicidad en su rostro y cerró los ojos…

            El reloj marcaba ahora las siete de la tarde, cuarenta y siete minutos y cuarenta segundos.

            -Los veinte segundos, más felices de mi vida…-